La historia de la historia
Cada historia tiene su propia historia. La historia de esta historia – corta y desbordante de casualidades – comenzó con la Ley del divorcio en Francia, adoptada el 20 de septiembre de 1792. El principio defendido por sus impulsores era simple: el matrimonio no era un sacramento (es decir algo divino e imposible de romper por el hombre) sino que un contrato social entre dos personas libres. En consecuencia, las dos personas que habían consentido firmar ese contrato también podían disolverlo.

Se establecieron como causas para el divorcio el abandono del hogar comun, la incompatibilidad de caracteres, el consentimiento mutuo, la demencia, la ausencia durante cinco años sin noticias (algo especialmente comun entre quienes emigraban), los malos tratos o la condena penal por delitos graves, la difamación pública y el adulterio.
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