Les morts trouvés – 1806 à 1825 – Cuarta parte

MOURIR A BAYONNE

La poche de Paff

La mayoría de las víctimas eran identificadas por vecinos, familiares o compañeros de trabajo. Varios de los ahogados encontrados desnudos, por ejemplo, fueron reconocidos por sus compañeros bañistas. Pero la larga permanencia en el agua desfiguraba las facciones y complicaba notablemente la identificación de las víctimas. En ese caso, a las autoridades involucradas les quedaba la esperanza de encontrar indicios sobre el muerto en posibles iniciales (”marques”) grabadas en un pañuelo o una camisa o entonces en objetos en el interior de los bolsillos. Justamente los bolsillos eran una valiosa fuente de datos a la hora de fijar una identidad.

Jacques Joseph Delly, de Calais, tenía consigo una amplia documentación. Su larga permanencia en el agua obligó al comisario a secar los papeles antes de poder leerlos y es realmente asombroso que lo haya logrado. Delly había trabajado en la caballeriza de un aristócrata y recibía una pensión mensual de 133 francos. Con el resto de los documentos se habría podido reconstruir su vida. Otros llevaban consigo tantos avisos para el pago de impuestos que cabe imaginar que la mala situación económica hubiese sido el detonante detrás de su decisión fatal.

Los escritos encontrados en la vestimenta de Marie Verges, cuyo cuerpo fue rescatado del río en noviembre de 1808, sugieren que la mujer, muy pequeña de estatura y vestida con gran cantidad de prendas (tenía entre otras cosas cuatro faldas superpuestas), sufría de alteraciones mentales. Menos sorprendente resultó lo encontrado en la vestimenta de un hombre de unos 65 años rescatado del Adour en septiembre de 1820. Duverdier sacó de allí un cuchillo, que era un objeto prácticamente estándar entre los hombres, y tres cupones de la Loterie Royale. Este hombre, ¿había caído al río por accidente o se había suicidado? ¿Es lógico pensar que alguien que compra tres cupones de lotería se suicida antes de saber si había ganado un premio?

A pesar de todo lo que acabamos de ver no creo equivocarme si sostengo que lo encontrado entre los restos de un hombre conocido como Paff debió haber desconcertado por completo a los presentes. El 13 de octubre de 1812 había aparecido un nuevo cadaver flotando en el Adour a la altura de Allées Marines. Jean Baptiste Deler, propietario de la fábrica de cerveza Danglade, declaró ante la Policía que el muerto, obrero suyo, había salido de la fábrica el día 7 a las ocho de la tarde y luego no había regresado. Deler identificó al cadaver como Paff, que era el apodo por el cual se le conocía. Se trataba de un alemán de 33 o 34 años. Paff llevaba una camisa blanca, pantalones de algodón azul y une veste del mismo color. En sus bolsillos se le encontró una llave, una moneda de un franco y ”un poulet mort”… Me animo a sostener que tiene que haber sido el único pollo ahogado registrado en todos los Libros de Decesos de Bayonne y alrededores.

Muertes prematuras

Las muertes de criaturas recién nacidas, o con pocos años edad, presentaban otro tipo de problemas. A veces, el médico podía sentenciar que el cuerpo encontrado había muerto antes de ser abandonado en tierra o tirado al agua. Pero no era lo habitual y las dificultades para identificar estos cadáveres hacía que la policía se limitase a informar lo sucedido a las autoridades civiles y a gestionar el entierro de los cuerpos. Una sola vez en más de 35 años, el comisario actuante logró identificar a la madre de la víctima. Se trataba de Magdelaine B y era originaria de Idaux, en el arrondisment de Mauléon. Magdeleine tuvo una criatura de sexo femenino a las 5 de la mañana del 19 de agosto de 1811 e inmediatamente después la abandonó en las letrinas de 1 Rue Gosse. En consecuencia, la pequeña había muerto ahogada en las materias fecales. Es el único caso relacionado con la muerte de menores que he visto entre 1806 y 1841 en el cual se anuncian consecuencias penales pues Dirassen aclaró en el informe que entregó ese mismo día al oficial del Estado Civil que se trataba de un delito y que ”les diverses circonstances ont été détaillées dans un Procès verbal particulier qui serà transmis à Monsieur le Magistrat de Sûreté”. Pero esta voluntad policial de ir hasta las últimas consecuencias resultó ser una notable excepción, por lo menos en el período estudiado.

Por lo general, las autoridades se enfrentaban a grandes dificultades a la hora de establecer lo que había sucedido. El 8 de febrero de 1808, el comisario Dirassen, los doctores Delissalde y Bertrand Barat, acompañados por el agente policial Etienne Labadie, se dirigieron a Allées Boufflers. Allí, sobre el Adour, ”à côté de l’écluse qui separe ce fleuve de la fosse aux morts” (en donde hoy se encuentra el Estacionamiento de coches), descubrieron el cuerpo de una niña. Lo sacaron del agua y lo llevaron al Hospicio Civil para estudiarlo. La pequeña, que no tenía más que pocos días de vida, estaba ”enveloppé d’un plumion de toile grise, d’une houpelourde d’indianne fond blanc à manches rouges et jaunes, d’un linge en forme de lange de toile blanche, d’une chemise de toile fine dont les manches sont garnies en neige, d’un premier bonnet de bassin piqué garni en neige et d’un second bonnet de cotonette à rayes rouges”. Luego de esta detallada descripción de su vestimenta seguía un dato escalofriante: ”L’enfant pouvoit être né vivant et avoir été jetté vivant aussi dans l’eau”… Había una notable contradicción entre la generosa y cuidada vestimenta de la criatura y su violenta muerte en el agua. Sola, la pequeña no podía haberse caído en el Adour y a todos los presentes les quedó la certeza de un asesinato pero también la convicción de que no había posibilidades de esclarecimiento.

Exactamente dos meses más tarde, Dirassen se volvió a enfrentar a una situación similar. Esa madrugada se había descubierto, ”sur le perron de la Cathédrale, vers la Rue Argenterie, un enfant qui doit y avoir été exposé durant la nuit dernier”. Se verificó ”sur six heures du matin que le froid, où tout autre cause, avait détruit dans ledit enfant tout signe de vie”. En un intento por salvarle la vida, Dirassen ordenó el traslado inmediato del cuerpo al Hospicio Civil. Pero todos los esfuerzos fueron inútiles. Se trataba de una niña recién nacida, cubierta solamente por una camisa de tela gruesa. Había muerto congelada.

El 8 de febrero de 1810, Dirassen recibió por parte de dos jovencitos, uno de 12 años y otro de 13, la noticia del cadaver de una criatura muy pequeña flotando cerca des Allées Marines. El comisario se dirigió al sitio nombrado con la asistencia del cirujano Barat, del agente de policía Labadie y de un ”balayeur public reconnu” llamado Michel Haiçaguer. Este Michel Haiçaguer es una persona especialmente interesante. Originario de Baïgorry, en donde era albañil, aparece, desaparece y reaparece en este tipo de actas de muertes en Bayonne. A veces lo hace como testigo a la hora de identificar muertos, a veces como asistente práctico para retirar cadáveres del agua mientras que su última aparición fue como ahogado, pues fue sacado muerto del río el 30 de diciembre de 1814.

Al frente del grupo nombrado, Dirassen se dirigió a la escena del hecho indicada por los dos jovencitos. Más tarde, el doctor Barat abrió el cadaver y comprobó, por la inmersión de los pulmones, que la criatura había nacido viva. El informe policial afirma que ”Son état et le lieu ou il a été découvert, ne permettent pas de douter qu’il a été jetté dans l’eau pour causer la mort”. Y agrega: ”il a été constaté par l’inspection scrupuleuse du cadavre que l’enfant est immédiatement nouveau né, mais le défaut de vêtements et l’innutilité de nos recherches pour découvrir les auteurs de sa naissance et de sa mort ne nous permettont d’ésperer, pour le moment au moins, un éclaircissement quelconque à se sujet”. Resignado, Dirassen concluyó diciendo ”nous avons du nous contenter de faire procèder a son inhumation”.

Muertes impactantes – Au nom de l’humanité

La cantidad de niños muertos en Bayonne – abandonados en la calle, tirados en una letrina o arrojados al río – era considerable. La ausencia de documentos, que a veces se podía encontrar en las víctimas adultas, la falta de testigos que pudiesen identificar los cuerpos y la imposibilidad de descubrir a los autores del delito les daban a las muertes de niños recién nacidos, o muy pequeños, una ineludible carga de anonimato. Sin embargo, algunas de esas muertes se dieron en circunstancias especialmente impactantes.

El 30 de noviembre de 1812, el comisario Dirassen y el doctor Cestac supervisaron un cuerpo que había quedado contra ”un tas de pierres” en el Adour. Se trataba de un niño de alrededor de veinte meses de edad, sin huella alguna de violencia física y muy bien vestido. ”Nous avons reconnu nous même qu’il est vêtu d’une chemise de toile sans marque (…) d’un coupon de musseline brodé, d’une jupe de toile blanche, tenant à un tour de toile de coton rouge (…) d’une robe d’indienne bleue et blanche à fleurs, d’un tablier d’indianne rouge mêlangé”. Además, ”l’enfant parait avoir été bien nourri, d’une taille assez avantageuse pour son âge; il est bien conformé et à les cheveux blonds”. Incomprensiblemente, nadie había denunciado su ausencia y es impensable que el pequeño por sus propios medios hubiese podido terminar en el río.

La misma pregunta se impone una y otra vez, caso tras caso, año tras año, pues era evidente que la mayoría de estos niños habían sido asesinados. El 25 de febrero de 1824, Pierre Soulez-Lacaze, sucesor de Duverdier en el puesto de comisario, y el doctor Dominique Cestac se dirigieron a Port de Suzeye. Allí había sido transportado el cadaver de una niña de alrededor de cinco años encontrado en el Adour. La pequeña no tenía en su cuerpo signos de violencia y la poética descripción que hizo de ella el comisario nos hace pensar que se trataba de una verdadera muñeca: ”Il était vêtu d’une chemise de toile de lin, d’une robe de laine rouge, d’un tablier rayé noir et blanc, de deux pétits mouchoirs bleu et blanc, l’un à la tête, l’autre au col, le tout sans marque, il avait les cheveux blonds et les pieds nuds”. El 2 de junio de ese mismo 1824, fue rescatado del río el cuerpo de Marquet, un niño de once años que trabajaba en un barco. Soulez-Lacaze escribió que ”Il était blond et avait une assez belle figure”.

En ocasiones, el hallazgo de una criatura muerta se producía en situaciones no exentas de una dimensión mística. El 15 de julio de 1813, poco después de las siete de la mañana, fue descubierto el cadaver de una niña debajo del coro de la Catedral de Bayonne.

El 15 de julio de 1813, apenas pasadas las siete de la mañana, fue descubierto el cadaver de una niña debajo del coro de la Catedral de Bayonne

El doctor Cestac dictaminó que la criatura tenía veinte días de vida, quizás alguno más, y que no había rasgos de violencia física. Dirassen concluyó su verbal con la siguiente descripción: ”Nous avons reconnu qu’il était enveloppé dans un lange de toile blanche, un coupon de drap de laine jaune, bordé de ruban bleu, assujettis au moyen d’une ceinture ou liséré de trois couleurs, il était vêtu aussi d’un sourtout en toile garni de mousseline, d’une brassière de toile peinte, d’un bonnet d’indianne. Personne n’ayant pû nous indiquer les auteurs de son exposition, nous avons pour servir a son inhumation dressé le procès verbal que les dits sieurs Cestac et Solet ont signé aves nous”.

Más impactante, por el mensaje escrito que acompañaba al cuerpo, fue el hallazgo de otra niña, encontrada muerta en el 14 de diciembre de ese mismo año 1813. A pasos de la vivienda del futuro comisario Pierre Soulez-Lacaze, en el corridor du rez-de-chaussée de 4 Rue Argenterie, yacía el cuerpo de una pequeña de alrededor de tres años y medio.

Detrás de la puerta entreabierta hay una pared que impide la entrada. Allí, en el corredor, fue encontrado el cuerpo de una niña con un mensaje estremecedor – Au nom de l’humanité

Estaba envuelto en una tela de varios colores. Sobre su pecho había un mensaje que decía ”Au nom de l’humanité. Ceux que le hazard conduira vers moi voudront bien avoir l’humanité de me faire enterrer dans le cimitière de cette commune: ma mère indigente, que ses soins a ses démarches ont été inutiles, ne pouvant revenir a St Jean de Luz, pays qui m’a vu naître, me donne cette derniere faveur. Mon corps étant exposé au caprice di ceux qui le verront, aura peut être la grace du Ciel d’obtenir d’un d’eux la pétitié a la sépulture. Bayonne, le 12 Xbre 1813”.

La pequeña había muerto casi dos días antes, pero siendo diciembre el cuerpo no estaba aun en estado de descomposición. Había sido encontrada esa mañana por Paul Bethmont, cochero del Duque de Dalmatie, y Marie Larrom, ambos moradores en ese edificio, quienes dijeron desconocer quién había depositado la niña y su conmovedor mensaje allí. Dirassen se encargó de cumplir con el deseo expresado en el billete.

Marcos Cantera Carlomagno

Universidad de Lund, Suecia

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